Fatiga pandémica, siete consejos de expertos para combatirla.

“Los expertos recomiendan afrontar la situación como un desastre lento y no como una emergencia puntual”.

La incertidumbre por lo desconocido, la desconfianza en las autoridades…, llevan a un estado de desasosiego y ansiedad fruto de los efectos de haber creído superada la situación. Entramos en un continuo bucle de escenarios repetitivos en los que tras pasar por una desescalada y transitar por una “nueva normalidad”, el número de contagios aumenta y la situación en las UCI nos adentran en lo que llaman la “segunda ola”.

Según estimaciones de la Organización mundial de la salud (OMS), la fatiga emocional por la situación afecta al 60% de la población europea.

Entramos en una nueva realidad que no sabemos cuándo terminará por lo que además de atender lo estrictamente sanitario se deberán poner en marcha estrategias sociales. Se aconsejan estrategias individuales y psicosociales que sumadas a las políticas sociales ayudarían a combatir la fatiga emocional.  

Israel Rodríguez Giralt, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación e investigador principal del grupo Care and Preparedness in the Network Society (CareNet) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y José Ramón Ubieto, psicoanalista y profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, comparten una serie de estrategias individuales y psicosociales que, sumadas a las políticas sociales, pueden ayudar a combatir la fatiga emocional.

Estas estrategias serían:

  1. Afrontar el hecho de que la pandemia no es un paréntesis. “Nos estamos equivocando pensando constantemente en la pandemia como una emergencia, porque tiene temporalidades que van más allá de la emergencia: esta pandemia se parece mucho a un desastre lento”, explica Israel Rodríguez Giralt.
  2. Recuperar el control. “La mayoría aplazamos algunos proyectos (estudios, viajes, encuentros, celebraciones, negocios…), pensando que más adelante volveríamos a pulsar la tecla y recuperaríamos el control. Lo cierto es que esa pantalla de la ‘pausa’ ya pasó y ahora se trata de recuperar el control con otras perspectivas, no de continuidad, sino de cierta ruptura con lo anterior. De ahí que resulte positivo aceptar que hay ya algo irrecuperable”, señala José Ramón Ubieto
  3. Centrarse en lo esencial. “En toda situación de incertidumbre, dar prioridad a lo esencial nos ayuda a mantener cierta estabilidad emocional. Por eso es buena idea mantener los vínculos, porque de los lazos obtenemos una orientación y un apoyo. En este sentido lo digital es una buena herramienta siempre que nos recuerde la presencia, que la evoque sin sustituirla. Y siempre que seamos capaces de prescindir de lo digital cuando llege el momento”, asegura Ubieto.
  4. Permitirse el tiempo improductivo. “Es clave incluir un tiempo para lo improductivo, o sea, el otium que no es negotium, con amigos, con la familia o en solitario. Hoy, el placer no sobra y el ocio alivia la presión de nuestro superyó, lo vuelve menos exigente y tiránico que la productividad”, comparte Ubieto.
  5. Medidas orientadas a reducir el riesgo de exposición de determinadas personas y colectivos. “Es esencial prestar atención al colectivo de los llamados trabajadores esenciales, ya que gran parte de ellos están especialmente expuestos, además en trabajos de cuidados y servicios, pero no se pueden permitir las protecciones que sí tenemos por ejemplo quienes teletrabajamos”, explica Rodríguez Giralt.
  6. Políticas de apoyo a las cuarentenas. “Cumplir estrictamente las cuarentenas no es una cuestión tanto de voluntad o compromiso como de posibilidad. Determinados colectivos con pocas posibilidades lo tienen realmente complicado, sin un apoyo económico y unas condiciones materiales para poder hacer una buena cuarentena”, comparte Rodríguez Giralt.
  7. Mejora de la comunicación del riesgo. “Diversificar los mensajes que se hacen llegar a la ciudadanía y evitar una gestión muy centrada en el miedo y la obediencia. A largo plazo, se ha demostrado que no solo es menos efectiva, sino que tiene unos costes emocionales y sociales importantes. No se ha prestado suficiente atención a lo que implica vivir con incertidumbre durante bastante tiempo, y ahí hay toda un área de trabajo que afrontar”, concluye Israel Rodríguez Giralt.

Con información de UOC

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