Excursión maratoniana

Por Cocarutas


Andaba yo estos días algo melancólico, casi aburrido, sumido en un mar sin olas, solo dejado llevar por la apatía de estos tiempos convulsos, ni siquiera la ampliación del confinamiento a toda Cataluña, es capaz de encender mi chispa, ando perdido imaginando aventuras viajeras que no estoy seguro que pueda llevar a cabo, a menudo vienen a mi memoria, recuerdos, vivencias, anécdotas vividas o simples historias de mis rutas por este país, siempre vistas desde el punto de vista de este humilde observador de pequeñas cosas.

Supongo que la apatía me hace bucear en los archivos de las aventuras vividas, repasando las cosas del último año, me di cuenta que no os había contado lo poco y a veces no muy satisfactorio que me ha tocado a vivir, sin duda un año difícil, este maldito virus nos ha obligado entre otras cosas a prescindir de las charlas con amigos, las comilonas de furgoneros, o un menú típico de uno de esos sitios que gravas y fotografías de mil maneras, para cuando te entre la nostalgia puedas volver a ver o releer de nuevo, entonces fluyen en tu cabeza todas esas imágenes y recuerdos que vas almacenando en el rincón de los buenos recuerdos.


Cuando todo me parecía imposible llegó la invitación de los amigos caminantes de la Mola, solo pude aceptarla, esta vez la caminata se trataba de conocer otro hermoso rincón, el valle de Marfá por la comarca del Moianes, larga 22 km. Pasando por el pou del glaç de la Fabrega, salt del Candelet, Moli de Brotons, etc. Para ello nos juntamos los mejores caminantes, cada rincón era una delicia para todos los sentidos, paisaje de bosque verde, bocata en la pradera, saltos de agua, refrescando los pies para cruzar el rio, el antiguo molino escondido debajo de una gran roca y unos compañeros de ruta que rondaban la perfección, un gran equipo, siempre con la mano dispuesta a ayudar aquel que la necesita y el sol que iluminaba el camino, un día casi perfecto, si tenemos en cuenta que la perfección no existe.


Ya en casa tomé una relajante ducha, después tuve que hacer una pausa, hacer unos ejercicios de relajación antes de ver las fotos que los compañeros de ruta irían colgando del evento, luego fui repasando las fotos una a una, feliz, excitado anímicamente por tener la suerte de estar con esta buena gente, saboreando las mieles del recorrido bien merecido, solo faltó una buena merienda al final del camino, para tener un día redondo.


Gracias a estos desahogos podemos desechar el odio y el rencor que nos rodea, la crispación, el retroceso a tiempos que creíamos superados, el egoísmo, el individualismo, las mentiras que nos bombardean cada día, los abrazos que no damos, la mano que no tendemos, aunque nos la pidan, los amigos que ya no se recuerdan de aquel que un día les tendió la mano, solo estos pequeños momentos (aun cumpliendo los protocolos) nos ayudan encontrar un remanso de paz para poner en orden nuestras preferencias, mirar a nuestro alrededor para contemplar la belleza y disfrutar de las pequeñas cosas, al fin y al cabo son las que nos hacen felices.

Para ver la excursión completa descrita paso a paso pincha aquí.

Queréis conocer mas sobre Cocarutas? Aquí os dejo su blog: https://cocarutas.blogspot.com/

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