Anécdota barberil

Historias de nuestros lectores

Por Cocarutas

                                             

Hoy os voy a contar mi anécdota barberil, desde que estoy jubilado ya no soy fiel a mi barbero de siempre, como suelo viajar de seis a ocho mese al año, cuando mi pelo se atreve a saltar por encima de mis orejas, acudo al primer peluquero que encuentro, no siempre un profesional experimentado a veces encuentro uno ultrarrápido, que con su patinadora me deja listo en tres minutos, para mí no es un problema, cuando fui a la mili como un jipi retrasado, (era el año sesenta y nueve) el reglamento decía que el pelo tenía que estar hasta la altura de las orejas al cero y resto como máximo al tres, el caso es que descubrí, lo higiénico, cómodo, (podía lavar la cabeza al mismo tiempo que la cara) barato (ya que no tenía que usar champús ni colonias) al tiempo que descubrí que seguía siendo tan guapo y atractivo como antes.

También encontré barberos que me contaron cómo vivían en esa ciudad o pueblo, a si como sus vivencias y milagros, batallas entre vecinos, donde comer bien, quien hacia el mejor café, todo lo bueno que nunca viene en las guías turísticas.

Esta vez, entré en una peluquería unisex en Villafranca del Bierzo, el peluquero un señor de unos sesenta años estaba sentado en la silla de peluquería esperando un cliente, muy amable y sin prisas, me pregunto como quería el servicio, yo le dije, cortito, de verano ya sabe que hace un buen sol, empezó su trabajo sin apenas hablar, no preguntaba ni sacaba tema de conversación, poco habitual en un barbero, no era muy hablador, para romper el hielo, empecé a tirarle de la lengua, preguntándole por cosas que yo conocía de sobras, de la ciudad era como un mapa, pero de los alrededores solo había oído hablar.

Mientras el cortaba, yo le observaba a través del espejo, me pareció que no era exactamente lo que yo había pedido, pero le dejé trabajar sin rechistar, cuando terminó su trabajo, sacó el espejo para que yo pudiera ver su obra, una vez que vi su obra le dije, “Es usted un gran profesional, me ha hecho un corte tan perfecto que hacía mucho tiempo que no me lo hacían, además es un artista de la ingeniería del cabello, consiguió usted disimular el desierto que tengo en mi amplia llanura de mi altiplano, un peinado más elaborado que el que solía lucir el diputado Iñaqui Anasagasti en las cortes españolas, sin embargo no me siento bien, yo soy muy natural, no me importa lucir con orgullo los rastros que deja en mi cuerpo el paso del tiempo vivido, si me observa verá que a pesar de mi cintura evolucionada no uso cinturón, no pongo gorra para tapar mi alopecia, los banqueros también son muchos calvos y se sienten importantes, solo cuando el frio lo requiere, aprendí disfrutando de la vida que soy bajito, no muy guapo, algo crecido de circunferencia, no me importa tener un bigote gris como mi pelo y unas cejas que todavía siguen siendo negras”.

Déjeme usted que siga siendo como soy, coja el cortacésped, ese que tiene ahí, póngale el peine del tres y recorra toda la amplitud de mi cabeza, luego si quiere ver a una persona realmente satisfecha, comparta conmigo una cerveza en el bar ese que me dijo que tiraban las mejores cañas.

Queréis conocer mas sobre Cocarutas? Aquí os dejo su blog: https://cocarutas.blogspot.com/

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