Un pueblo de tradiciones

Historias de nuestros lectores

Por Cocarutas

Esta vez os cuento una historia de un pequeño pueblo peculiar, lo conocí en uno de esos viajes deambulando por lo ancho de este país, como siempre que voy de gira, no solo me interesan los hermosos paisajes, la cultura de cada pueblo, el arte, flora y fauna, sobre todo las tradiciones que atesoran a lo largo de los años, bien pues esta vez me interesé por una muy particular, resulta que el último niño que nació en ese pueblo, ya tiene 45 años, al igual que otros nacidos antes se fue a ganarse los garbanzos a los madriles, nada raro, lo hacen muchos de otros pueblos que emigran a las grandes ciudades en busca de fortuna o supervivencia.

Bien, pues lo que me llamó la atención es la historia que me contó una abuela del pueblo que sentada en un banco de la plaza del pueblo tomaba el tímido sol de esta primavera, al preguntarle de como se vivía en el pueblo, me dijo que muy bien, todos vivían de su pensión sin necesidad de trabajar, pero seguimos cultivando casi todo lo que comemos, todos tenemos más de ochenta años, tenemos nuestro teleclub, nuestro casino, (se refería a la taberna del pueblo) donde echaban la partida, un horno donde hacemos el pan, la capilla donde nos dan misa el primer domingo de mes  y un aula de manualidades tradicionales en la que enseñaban a los hijos de gente del pueblo cuando venían de vacaciones, lo malo es que dentro de unos años este pueblo pasará a formar parte de la lista de pueblos abandonados, su semblante se puso triste al darse cuenta que no podía hacer nada por evitarlo.

Luego yo le conté alguna de mis aventuras por esos mundos, de golpe su rostro se iluminó y me contó la historia de la que formaba parte y se sentía muy orgullosa, sabes, hace unos cinco años el hijo de un vecino del pueblo que nació en Madrid, en una fiesta se enamoró de una joven muy guapa del pueblo de al lado, se la llevó para Madrid, se casaron hace cuatro años y siempre vienen a pasar los veranos al pueblo, los queremos mucho, para nosotros son nuestros vecinos adoptivos, hace tres años les dijimos que tenían que tener descendencia, que el pueblo estaría encantado con los niños que hace años no corretean por las calles, sus ojos brillaban de alegría, hace dos años llegaron al pueblo con una preciosa niña de cuatro meses, nacida en abril, estamos seguros que nos hicieron caso y la concibieron en el pueblo, por eso la queremos como si fuera una niña del pueblo, yo que soy rápido de cálculo,  le dije “no puede ser, si nació en abril fue concebida en julio, antes de vacaciones” ella respondió, no siempre, a veces nacen antes de tiempo, de hecho aquí en el pueblo antes había muchos sietemesinos, claro entonces nacían con siete meses por que a sus padres no les daba tiempo a preparar la boda y los niños nacían con el tiempo que llevaban casados los padres.

Lo sorprendente es que la están criando igual que hace cincuenta años, el grupo de manualidades le hicieron un par de patucos, dos gorritos de ganchillo, el chal para el bautizo y más jerséis y vestiditos de los que pueda gastar en todo el año, cuando su mamá ya no cubría las necesidades que la niña requería aprovecharon la leche de la burra del Rufino, incluso se la mandaban a Madrid una vez esterilizada, luego nada de potitos, todo elaborado casero como dios manda, cuando le empezaron a salir los dientes le daban un trozo de corteza de pan para endurecer las encías, por supuesto no le faltaron muñecas con sus vestidos artesanales.

El año pasado en vacaciones, quisieron que aprendiera a hacer sus necesidades, para ello le hicieron dos pololos de los antiguos que las mamás descosían en la entrepierna para que la niña pudiera hacer sus necesidades sin tener que ponerle pañales, querían que su mamá fuera hacer sus necesidades al huerto, para que la niña por imitación también se agachara quedando los orificios de salida despejados, su mamá se negó, para que no se ofendieran los del pueblo dijo que esto no lo podría hacer en Madrid y se comprometió a enseñarle dentro de casa, a los ocho días justos, la niña consiguió hacer su primera caquita en el orinal de su abuela, todas las vecinas vinieron a verlo a su casa para no llevarlo por todo el pueblo, ahora cuando las comadres están de tertulia, la niña cuando tiene necesidades se sienta en su orinal y a las abuelas se les cae la baba.

Según la abuela historiadora, el pueblo rejuveneció unos años, todos están pendientes de cuando vuelve la hija creada en el pueblo, para ellos no hay ninguna duda, cuando llega es la alegría del pueblo, los piropos son interminables, que guapa, cuanto ha crecido, mira que es lista, ya habla, le  encantan las gallinas, etc. Los años se les hacen largos y las vacaciones muy cortas.

Esta vez no os voy a desvelar el nombre de este pueblo encantador, sin embargo, como otros muchos en peligro de desaparición, este está lleno de tradiciones, cultura popular, gente mayor pero ahora llenos de vida, siguen criando casi todos los animales que comen, cultivan las verduras y frutas típicas, su mayor progreso son unos invernaderos para tener más pronto los frutos, no os lo cuento porque algunos podían pensar que es un pueblo anclado en el pasado, mientras sus habitantes creen vivir en un pueblo ecológicamente avanzado.

Queréis conocer mas sobre Cocarutas? Aquí os dejo su blog: https://cocarutas.blogspot.com/ y tambien podeis seguirlo en la sección hisorias de nuestros lectores.

Síguenos

Consigue todo el contenido en tu mail.

Únete a 1.411 seguidores más

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s