¿Una solución real o un riesgo innecesario?
En los últimos años, ha crecido el interés por tratamientos alternativos para la fibromialgia, especialmente en pacientes con dolor severo y persistente. Entre ellos, la administración intravenosa de lidocaína o ketamina ha comenzado a ofrecerse en algunos centros médicos como opción analgésica.
Pero, ¿qué tan eficaz es realmente? ¿Qué dice la evidencia científica? ¿Y qué implicaciones tiene para un sistema nervioso ya alterado como el nuestro?
Hoy quiero explicarte a fondo en qué consiste este tratamiento, qué efectos puede tener en el cuerpo y por qué yo, como enfermera y paciente con sensibilidad central, nunca me sometería a él, al menos mientras existan otras vías más profundas y respetuosas para sanar.
🧪 ¿Qué son la lidocaína y la ketamina intravenosa?
Tanto la lidocaína como la ketamina son fármacos utilizados en medicina convencional:
- Lidocaína IV: anestésico local que también puede tener efectos sobre el dolor crónico, actuando en las fibras nerviosas implicadas en la sensibilización central.
- Ketamina IV: anestésico disociativo que actúa como antagonista del receptor NMDA, ayudando a disminuir la hiperexcitabilidad del sistema nervioso central, y en algunos casos, el dolor persistente.
En la fibromialgia, se han probado con la esperanza de calmar el dolor generalizado, especialmente cuando ya se han agotado otras estrategias farmacológicas o psicoterapéuticas.
📚 ¿Qué dice la ciencia?
Algunos estudios muestran mejoras leves y transitorias en el dolor tras recibir infusiones de estos medicamentos. Por ejemplo:
- Lidocaína IV: puede reducir el dolor durante unos días o semanas, pero sus efectos rara vez son duraderos.
- Ketamina IV: tiene mayor potencial, tanto para el dolor como para síntomas emocionales asociados, pero los efectos también son limitados en el tiempo y pueden conllevar efectos secundarios graves.
Un metaanálisis reciente (Ferrari et al., 2021) concluye que la ketamina puede mejorar el dolor y el estado de ánimo en algunos casos, pero no hay evidencia de que cure ni modifique la evolución de la fibromialgia.
📌 Importante: ninguna guía internacional lo recomienda como tratamiento de primera línea. Ni la EULAR ni el American College of Rheumatology lo contemplan entre las opciones habituales.
⚠️ Riesgos para el sistema nervioso central
Y aquí viene lo más delicado. Porque aunque estos tratamientos puedan parecer una esperanza para quien lo ha intentado todo, la realidad es que pueden ser un ataque directo a un sistema nervioso ya extremadamente vulnerable.
Quienes vivimos con hipersensibilidad central —como ocurre en la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica o la sensibilidad química múltiple— tenemos un sistema nervioso que ya responde con intensidad a estímulos mínimos. Esta hiperreactividad hace que ciertos fármacos tengan un efecto impredecible o incluso contraproducente.
💥 Reacciones adversas posibles:
- Confusión, vértigo, visión borrosa
- Crisis de ansiedad, disociación o ataques de pánico
- Alucinaciones, despersonalización o cuadros psicóticos transitorios (en ketamina)
- Convulsiones o efectos cardiovasculares si no se controla la dosis (en lidocaína)
Estas reacciones no son anecdóticas. Ocurren con cierta frecuencia en personas con antecedentes de trauma, ansiedad, hipersensibilidad neurosensorial o fatiga crónica.
💭 ¿Entonces es una mala opción?
No necesariamente. Puede tener su lugar en casos puntuales, en entornos hospitalarios especializados y bajo monitorización estricta. Por ejemplo, cuando el dolor es invalidante y ningún otro abordaje ha funcionado.
Pero no es una solución mágica ni sostenible, ni debe utilizarse sin haber hecho antes una revisión profunda del estilo de vida, el entorno, la alimentación, el descanso, el vínculo emocional con el cuerpo, y las raíces del sufrimiento físico y emocional.
🌱 Una mirada diferente: transformar antes que anestesiar
Desde mi experiencia —como enfermera, mujer y persona con fibromialgia—, no deseo que se apague mi dolor a toda costa. Deseo que mi cuerpo sea escuchado. Que se entienda lo que grita. Que no lo volvamos a silenciar con anestesia cuando lo que necesita es seguridad, descanso, comprensión y nutrición profunda.
Sé que vivir con dolor puede llevarnos al límite. Pero también sé que muchos síntomas mejoran cuando:
- Cambiamos el entorno químico, social y emocional
- Aprendemos a regular el sistema nervioso con prácticas diarias suaves
- Reeducamos el cuerpo en el movimiento, el descanso y la percepción
- Nos alejamos de estímulos invasivos y nos acercamos a lo natural
He visto personas mejorar sin estos tratamientos agresivos. He acompañado a pacientes que recuperan vitalidad desde la raíz. Y lo sigo viendo cada semana.
✅ Conclusión
El tratamiento con lidocaína o ketamina IV puede aliviar el dolor en algunos casos, pero no modifica la raíz del problema. No cura la fibromialgia, y en personas con hipersensibilidad central, puede incluso empeorar el estado neuroemocional si no se evalúa con cautela.
Antes de llegar ahí, propongo otra vía: profunda, respetuosa, real.
No anestesiar el cuerpo. Escucharlo. No someter el sistema nervioso a más agresiones. Regulárselo, desde lo cotidiano. Y confiar en que, cuando el entorno interno y externo cambia, también lo hace el dolor.
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