Juicio social en fibromialgia
Muchas veces, las personas que conviven con una enfermedad invisible como la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica o el síndrome de sensibilidad central, sienten que su dolor es puesto en duda.
«Si no tomas medicación, será que no estás tan mal.»
«Si sonríes, es que no duele tanto.»
«Si no te ven llorando por las esquinas, es que no te pasa nada grave.»
Comentarios como estos, aunque a veces no se hagan con mala intención, generan una sensación constante de juicio. Como si el sufrimiento solo tuviera valor cuando es evidente para los demás. Pero las enfermedades invisibles no se miden en lágrimas visibles ni en pastillas diarias.
Muchas personas eligen caminos diferentes para cuidarse: cambios profundos en el estilo de vida, terapias no farmacológicas, atención emocional, abordajes integrales. Decidir no enmascarar los síntomas con medicación y, en cambio, escuchar lo que el cuerpo expresa, también es una forma de valentía y responsabilidad.
Porque la realidad es que no todo dolor se ve.
No todo cansancio se nota.
Y no todo proceso de sanación necesita aprobación externa.
La compasión, tanto propia como ajena, es clave en este camino. No se trata de dar explicaciones, sino de construir espacios donde uno pueda ser entendido incluso cuando el dolor no es visible.
En consulta, lo vemos cada día: detrás de cada cuerpo que aparenta estar bien, puede haber un universo entero sosteniéndose con esfuerzo. Y merece ser escuchado, validado y acompañado, aunque no lo veas.
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