Acompañar procesos complejos no consiste en decirle a una persona lo que tiene que hacer, ni en ofrecer soluciones rápidas a problemas profundos. Acompañar es estar, escuchar, sostener y ayudar a comprender lo que ocurre, respetando el momento vital y los límites de cada persona.
Trabajo desde una mirada integrativa, donde la ciencia, la experiencia clínica y la vivencia personal se encuentran. Sin recetas universales, sin promesas vacías y sin exigencias añadidas a cuerpos que ya han tenido que sostener demasiado.
Acompaño principalmente a personas que conviven con:
También a personas que, sin tener un diagnóstico claro, sienten que su cuerpo ya no responde como antes y necesitan comprender qué les está ocurriendo sin sentirse juzgadas o cuestionadas.
El acompañamiento se basa en:
No se trata de “hacer más”, sino de entender mejor y aprender a relacionarse con el cuerpo de otra manera.
No es:
Es un proceso humano, flexible y respetuoso, que se adapta a la persona y no al revés.
Cada proceso es único. Hay personas que necesitan comprender primero, otras que necesitan ordenar, y otras que simplemente necesitan ser escuchadas sin que se las intente arreglar.
Aquí el cuerpo no se fuerza.
Aquí se escucha.
Si has llegado hasta aquí y sientes que esta manera de acompañar resuena contigo, podemos hablar. Sin compromiso, sin expectativas impuestas y sin prisas.
“Si en algún momento este acompañamiento tiene sentido para ti, podemos hablar.”