Llegar a una consulta cuando convives con fibromialgia no significa llegar únicamente con una lista de síntomas.
Llegas con una historia.
Puede que lleves meses o años intentando comprender qué ocurre. Puede que hayas pasado por diferentes consultas, pruebas y tratamientos. Puede que hayas aprendido a convivir con determinados síntomas sin llegar a saber siempre por qué unos días puedes hacer determinadas cosas y otros días apenas puedes con lo básico.
Y puede que, después de todo ese recorrido, sigas teniendo preguntas:
¿Qué está pasando?
¿Por qué hoy estoy peor?
¿Por qué este tratamiento me ayuda unas veces y otras no?
¿Qué puedo esperar a partir de ahora?
Cuando buscas atención sanitaria, no siempre estás buscando una solución inmediata para todo.
A veces necesitas, sencillamente, encontrar a alguien que te ayude a comprender lo que está ocurriendo.
Y para que eso sea posible, primero necesitas poder explicarlo.
Explicar lo que vives no siempre es sencillo
La fibromialgia no se presenta necesariamente de la misma manera todos los días.
El dolor puede variar. La fatiga puede cambiar. El sueño puede influir en cómo te encuentras. Tu capacidad para realizar determinadas actividades puede ser diferente de un día a otro.
Por eso, cuando intentas explicar en unos minutos cómo estás, puedes tener la sensación de que solo estás ofreciendo una pequeña parte de una realidad mucho más amplia.
Además, hay aspectos de la enfermedad que no pueden quedar reflejados en una única prueba.
Pero hay una distinción importante:
Que un aspecto de la enfermedad no pueda objetivarse mediante una prueba concreta no significa que no exista evidencia científica ni conocimiento clínico sobre la fibromialgia.
La fibromialgia es una enfermedad reconocida y estudiada. Su valoración clínica no depende de encontrar una única prueba capaz de mostrar todo aquello que experimentas.
Las pruebas pueden aportar información importante y ayudar a descartar otras enfermedades o valorar problemas concretos. Pero ninguna prueba aislada puede representar por sí sola toda la experiencia de vivir con fibromialgia.
Por eso:
«Esto no aparece en esta prueba» no equivale a «esto no existe».
Tampoco significa que todos los síntomas tengan necesariamente una explicación sencilla o inmediata.
La medicina trabaja también con situaciones complejas, incertidumbres y preguntas que requieren tiempo para ser valoradas.
Cuando tienes muchas preguntas y no sabes cuál es la más importante
Cuando convives con una enfermedad compleja, es fácil acumular preguntas.
A veces sabes perfectamente qué es lo que más te preocupa.
Otras veces tienes tantas cosas que explicar que no sabes por dónde empezar.
Puede que quieras hablar del dolor, pero también de la fatiga, del sueño, de algo nuevo que ha aparecido, de lo que ya no puedes hacer o de un tratamiento que no está funcionando como esperabas.
Y quizá, al terminar la consulta, te das cuenta de que has explicado muchas cosas pero no has conseguido transmitir aquello que realmente necesitabas que comprendieran.
Esto no significa que no sepas explicar lo que te ocurre.
Significa que estás intentando convertir una experiencia compleja, cambiante y personal en una conversación limitada por el tiempo y por el contexto de una consulta.
Por eso, una buena relación sanitaria necesita algo más que recopilar síntomas.
También necesita intentar comprender qué significado tienen esos síntomas en tu vida y qué necesitas en ese momento de la atención sanitaria.
Cuando esperas respuestas y recibes algo diferente
Es comprensible acudir a una consulta esperando respuestas.
Quizá esperas saber qué está provocando un empeoramiento. Quizá esperas encontrar un tratamiento que funcione. Quizá esperas que alguien pueda explicarte por qué continúas teniendo determinados síntomas.
Y quizá la respuesta que recibes no coincide con lo que esperabas.
Esto puede resultar frustrante.
Pero escuchar, validar, diagnosticar y solucionar no son la misma cosa.
Una consulta puede ayudarte a comprender mejor una situación aunque no pueda resolverla inmediatamente.
Puede confirmar que aquello que estás experimentando merece atención aunque todavía haya aspectos que necesiten seguir valorándose.
Puede establecer un diagnóstico sin que eso signifique que todos los síntomas vayan a desaparecer.
Y puede plantear un tratamiento sin poder garantizar que vaya a funcionar de la manera esperada.
No tener una solución inmediata no significa necesariamente que no haya atención.
Pero tampoco debería significar que tengas que marcharte de una consulta sin comprender qué se ha valorado, qué se sabe, qué sigue siendo incierto o cuál es el siguiente paso.
Necesitar que te escuchen y te comprendan
Hay una diferencia entre que alguien oiga lo que estás diciendo y sentir que realmente te está escuchando.
Cuando llevas mucho tiempo conviviendo con síntomas que otras personas no siempre pueden ver, sentir que tu experiencia ha sido escuchada puede adquirir una importancia especial.
No necesitas necesariamente que quien te atiende esté de acuerdo con cada interpretación que haces sobre tus síntomas.
Tampoco necesitas que confirme todas las explicaciones que hayas encontrado.
Necesitas poder explicar lo que estás viviendo y sentir que esa información se está teniendo en cuenta.
Comprenderte tampoco significa que el profesional tenga que experimentar personalmente lo mismo que tú.
Significa intentar entender tu situación dentro del contexto clínico:
- qué síntomas tienes;
- cómo han evolucionado;
- qué impacto están teniendo;
- qué te preocupa;
- qué necesitas comprender.
Sentir que te escuchan no significa que tengan que darte la razón en todo. Significa que tu experiencia tiene un lugar dentro de la conversación clínica.
Cuando sientes que te están juzgando, cuestionando o minimizando
La relación puede deteriorarse cuando sales de una consulta con la sensación de que no has conseguido transmitir lo que te ocurre.
Quizá una pregunta te hizo sentir que se ponía en duda lo que estabas explicando.
Quizá sentiste que se prestaba más atención a una prueba que a las dificultades que estabas viviendo.
O quizá una respuesta te hizo pensar que se estaba interpretando tu situación como falta de esfuerzo, exageración o incapacidad para afrontar la enfermedad.
Una experiencia aislada puede generar malestar.
Cuando estas experiencias se repiten, pueden llegar a afectar a algo mucho más profundo:
la pérdida de confianza en la relación sanitaria.
Puedes empezar a entrar en consulta pensando que tendrás que demostrar lo que te ocurre.
Puedes sentir la necesidad de preparar cuidadosamente cada explicación.
Puedes tener miedo de que no te crean.
Y cuanto más necesitas demostrar que tus síntomas son reales, más difícil puede resultar mantener una conversación abierta y tranquila.
Pero también es importante recordar que no todas las diferencias de criterio significan que estés siendo juzgado.
Los profesionales pueden hacer preguntas porque necesitan descartar posibilidades, aclarar información o comprender mejor una situación.
Aun así, cuando sales repetidamente de una consulta sintiendo que tu experiencia no ha sido escuchada o reconocida, esa sensación importa.
La complejidad también existe del lado del profesional
Comprender esta relación requiere mirar en las dos direcciones.
La fibromialgia también plantea dificultades a los profesionales sanitarios.
Los síntomas pueden ser diversos y variables. Pueden coexistir diferentes problemas. La evolución puede cambiar. Y no siempre existe una intervención única que responda a todo aquello que está limitando tu vida.
Además, los profesionales trabajan con tiempos, recursos y condiciones concretas de atención.
Reconocer esta realidad no significa restar importancia a lo que estás viviendo.
Porque hay una diferencia fundamental:
Comprender la complejidad clínica no significa justificar una mala comunicación.
Que una enfermedad sea compleja no elimina la necesidad de escuchar, explicar, respetar y valorar adecuadamente a quien tienes delante.
Del mismo modo, que salgas frustrado de una consulta no significa automáticamente que el profesional no haya intentado ayudarte.
Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Puede existir un profesional intentando abordar una situación difícil y tú puedes, a pesar de ello, haber salido de la consulta sintiendo que no te han escuchado como necesitabas.
Precisamente por eso, la relación sanitaria necesita comunicación.
Tu experiencia y el conocimiento profesional tienen que encontrarse
En una consulta existen dos fuentes de información diferentes.
El profesional aporta formación, conocimiento clínico y herramientas para valorar lo que está ocurriendo.
Tú aportas algo que nadie puede aportar por ti:
tu experiencia concreta de la enfermedad.
Sabes cómo se manifiestan tus síntomas. Sabes qué ha cambiado. Sabes qué situaciones están afectando más a tu vida. Sabes qué te preocupa.
Pero conocer tu experiencia no significa necesariamente saber interpretarla clínicamente.
Y tener conocimientos clínicos tampoco significa conocer desde fuera exactamente cómo estás viviendo la enfermedad.
Por eso ambas perspectivas necesitan encontrarse.
No para que una sustituya a la otra, sino para construir una comprensión más completa.
Una comunicación en las dos direcciones
La comunicación sanitaria no debería funcionar como un monólogo.
No se trata únicamente de que tú expliques y el profesional escuche.
Tampoco únicamente de que el profesional explique y tú recibas la información.
Es un proceso de ida y vuelta.
Explicas lo que ocurre.
El profesional pregunta.
Aclaras lo que necesitas.
El profesional interpreta y explica.
Puedes plantear dudas.
Puede ser necesario revisar una hipótesis, ampliar una valoración o reconocer que todavía no existe una respuesta definitiva.
Este intercambio permite que la consulta se convierta en un espacio para construir comprensión, no solamente para intercambiar información.
Y también permite ajustar las expectativas.
A veces necesitas una explicación.
Otras veces necesitas saber qué se va a hacer.
En ocasiones necesitas comprender por qué todavía no se puede llegar a una conclusión.
Poder hablar de ello también forma parte de una relación terapéutica saludable.
La consulta no puede depender de que sepas explicarlo todo perfectamente
Prepararte para una consulta puede ayudarte.
Pensar qué síntomas han cambiado, qué es lo que más te preocupa o qué preguntas quieres hacer puede facilitar la comunicación.
Pero eso no significa que tengas que llegar a la consulta con un informe perfecto sobre tu propia enfermedad.
Puedes llegar después de un día difícil.
Puedes tener dolor.
Puedes olvidar información.
Puedes no encontrar las palabras adecuadas.
Puedes descubrir durante la propia conversación que existe algo que necesitabas explicar y no habías pensado en ello.
Todo eso forma parte de la realidad de vivir con una enfermedad compleja.
La calidad de la atención no puede depender únicamente de que la persona enferma sepa expresarse perfectamente.
La comunicación es compartida.
Prepararte puede facilitarla, pero no sustituye la responsabilidad profesional de escuchar, valorar y explicar.
Y tampoco significa que tengas que aceptar una atención en la que no puedas preguntar, expresar dudas o explicar que algo no está funcionando como esperabas.
Una consulta útil se construye entre las dos partes.
Recuperar la confianza cuando se ha perdido
Cuando has vivido varias experiencias negativas en el ámbito sanitario, volver a confiar puede no ser inmediato.
Puede que hayas aprendido a entrar en consulta a la defensiva.
Puede que anticipes que tendrás que justificarte.
Puede que tengas miedo de que no te crean.
O puede que hayas llegado a pensar que explicar cómo te encuentras no sirve de nada.
Recuperar la confianza requiere tiempo.
Y la confianza no significa pensar que el profesional siempre tendrá la respuesta correcta.
Tampoco significa estar de acuerdo con todas las decisiones.
Significa poder mantener una relación en la que exista espacio para preguntar, recibir explicaciones, expresar dudas y hablar de aquello que no está funcionando.
También significa poder aceptar que algunas cuestiones permanecen abiertas mientras se continúa buscando una respuesta.
Una relación sanitaria basada en la confianza no elimina la incertidumbre.
Permite atravesarla con acompañamiento.
Construir una relación terapéutica
La relación entre quien vive con fibromialgia y los profesionales sanitarios no debería convertirse en una lucha para demostrar quién tiene razón.
Tampoco debería depender de que una de las dos partes tenga todas las respuestas.
Estás intentando comprender una enfermedad que ha cambiado tu vida.
El profesional está intentando valorar y abordar una enfermedad que puede ser compleja y que no siempre ofrece soluciones sencillas.
Entre ambas realidades tiene que existir un espacio de encuentro.
Un espacio donde puedas explicar lo que te ocurre y sentir que se te escucha.
Donde puedas expresar que algo no está funcionando.
Donde el profesional pueda explicar qué se sabe, qué se está valorando y qué permanece incierto.
Donde preguntar no sea enfrentarse.
Donde reconocer los límites del conocimiento no signifique abandonar la búsqueda de respuestas.
Donde escuchar no implique necesariamente solucionar.
Y donde validar tu experiencia no signifique renunciar al criterio clínico.
Porque sentir que te escuchan no significa que el profesional tenga que solucionar inmediatamente todo lo que te ocurre.
Y reconocer las dificultades de los profesionales tampoco significa que tengas que conformarte con sentir que tu experiencia no importa.
La relación terapéutica necesita conocimiento, pero también comunicación.
Necesita decisiones clínicas, pero también comprensión.
Necesita límites, pero también respeto.
Y necesita confianza suficiente para que ambas partes puedan reconocer aquello que saben, aquello que desconocen y aquello que todavía necesitan comprender.
Una buena relación sanitaria no significa que el profesional tenga todas las respuestas ni que tengas que saber explicarlo todo perfectamente. Significa poder construir juntos una comprensión lo más clara posible de lo que está ocurriendo.


