Cuando convives con fibromialgia, puede llegar un momento en el que el problema ya no sea únicamente el dolor, la fatiga o los demás síntomas.
Puede aparecer otra carga:
sentir que tienes que demostrar que lo que te ocurre es real.
Demostrarlo en una consulta.
Explicarlo en casa.
Justificar por qué hoy no puedes hacer lo mismo que ayer.
Explicar por qué necesitas descansar.
Dar razones para cancelar un plan.
Y cuanto más tienes que explicarlo, más agotador puede resultar.
Porque no estás intentando explicar una situación puntual. Estás intentando transmitir una realidad que forma parte de tu vida y que, muchas veces, no resulta visible desde fuera.
Cuando lo que vives no se ve desde fuera
Una de las dificultades de convivir con fibromialgia es que gran parte de lo que experimentas no puede verse.
Alguien puede verte caminar, hablar, trabajar, salir de casa o participar en una actividad y no saber cuánto esfuerzo ha requerido hacerlo.
Puede no saber cómo te encontrabas antes.
Puede no saber qué consecuencias tendrá esa actividad después.
Y puede no comprender por qué algo que pudiste hacer ayer hoy no está a tu alcance.
Desde fuera, una misma persona puede parecer completamente diferente según el momento.
Y ahí pueden aparecer interpretaciones que no coinciden con lo que realmente estás viviendo.
«Pero si tienes buena cara.»
«Ayer estabas bien.»
«Si has podido hacer esto, también podrás hacer aquello.»
«Todos estamos cansados.»
Quizá para quien las dice sean frases sencillas. Pero cuando las escuchas repetidamente pueden terminar transmitiendo algo mucho más profundo:
«No parece que estés tan mal como dices.»
Y entonces puede aparecer la necesidad de explicar un poco más.
Cuando cada límite parece necesitar una explicación
Si las personas de tu entorno conocieron cómo eras antes de enfermar, pueden seguir utilizando esa versión anterior como referencia.
Si antes mantenías un determinado ritmo, asumías determinadas responsabilidades, salías con frecuencia o podías organizar muchas actividades, es posible que esperen que continúes haciéndolo.
Pero tu realidad ha cambiado.
Y entonces cada límite puede empezar a necesitar una explicación.
«No puedo hoy porque…»
«Necesito descansar porque…»
«No voy porque…»
«Esta semana no puedo…»
Explicar puede ayudar a que otras personas comprendan.
El problema aparece cuando explicar deja de ser una forma de comunicar una necesidad y empieza a sentirse como una prueba que tienes que presentar para demostrar que tienes derecho a esa necesidad.
Entonces decir «hoy no puedo» parece insuficiente.
Poner un límite parece insuficiente.
Descansar parece insuficiente.
Y puedes empezar a justificarte incluso antes de que nadie te lo pida.
Antes de cancelar un plan ya estás pensando cómo vas a explicarlo.
Antes de decir que no puedes hacer algo ya estás preparando los motivos.
Incluso cuando nadie te está pidiendo una explicación, puedes sentir que necesitas ofrecerla.
No porque quieras llamar la atención.
No porque estés exagerando.
Sino porque has aprendido, a través de muchas experiencias, que quizá tengas que defender tu propia realidad.
Cuando la duda de los demás empieza a convertirse en tu propia duda
Y aquí aparece una parte especialmente difícil.
Al principio puedes pensar:
«Los demás no entienden lo que me pasa.»
Pero cuando durante mucho tiempo recibes mensajes que cuestionan tu experiencia, puede aparecer otra pregunta:
«¿Y si realmente estoy exagerando?»
Quizá empiezas a preguntarte si deberías poder hacer un poco más.
Si estás descansando demasiado.
Si estás poniendo demasiados límites.
Si podrías esforzarte un poco más.
Si estás interpretando tus síntomas de manera excesivamente negativa.
Si quizá estás rindiéndote demasiado pronto.
Y entonces ya no estás intentando convencer únicamente a los demás.
También estás intentando convencerte a ti.
Esto puede afectar profundamente a la confianza en tu propia experiencia.
No significa que hayas dejado de confiar en ti por debilidad.
Cuando recibes durante mucho tiempo mensajes que cuestionan aquello que sientes, es comprensible que esa duda termine influyendo también en la manera en que interpretas tu propia realidad.
Necesitar comprensión no significa necesitar que te den la razón
Hay una diferencia importante.
Necesitar que comprendan lo que estás viviendo no significa necesitar que todo el mundo esté de acuerdo contigo.
Tampoco significa que todas las interpretaciones que hagas sobre tus síntomas tengan que ser correctas.
La comprensión empieza en otro lugar:
poder decir «esto es lo que estoy experimentando» y que la otra persona reconozca que esa experiencia existe.
Esto también es importante en el ámbito sanitario.
Escuchar y validar una experiencia no significa confirmar automáticamente una explicación concreta.
Puede existir una valoración clínica diferente y, al mismo tiempo, reconocer que estás teniendo dolor, fatiga, dificultades cognitivas o cualquier otro síntoma que está afectando a tu vida.
Que alguien no tenga la misma interpretación que tú no debería significar que tenga que negar tu experiencia.
El desgaste de tener que demostrarlo constantemente
Cuando sientes que otras personas no creen lo que estás explicando, puedes intentar demostrarlo de muchas maneras.
Hablar más de tus síntomas.
Aportar informes.
Explicar pruebas.
Contar todo lo que has intentado.
Explicar cómo estabas ayer, la semana pasada o hace unos meses.
Y aun así puede quedar la sensación de que no es suficiente.
Porque el problema ya no consiste únicamente en explicar.
Consiste en sentir que necesitas convencer a alguien de una realidad que tú estás viviendo directamente.
Y eso consume energía.
No solo por el esfuerzo de hablar, sino por el esfuerzo mental de estar constantemente preparado para defender tu propia experiencia.
Cuando ya convives con dolor, fatiga y otros síntomas que pueden limitar tu capacidad, esa carga adicional puede resultar especialmente desgastante.
Por eso, dejar de justificarte constantemente no significa dejar de comunicar lo que necesitas.
Significa empezar a diferenciar entre explicar para facilitar la comprensión y explicar porque sientes que tienes que demostrar que tienes derecho a encontrarte así.
Dejar de demostrar no significa dejar de comunicar
Esta diferencia es importante.
Dejar de demostrar no significa ocultar tus síntomas.
No significa dejar de pedir ayuda.
No significa aceptar que otras personas interpreten tu situación como quieran.
Significa que puedes empezar a comunicar desde otro lugar.
Puedes decir:
«Hoy no puedo.»
Sin tener que construir necesariamente una defensa alrededor de esa frase.
Puedes explicar lo que necesitas cuando consideres que esa explicación es útil.
Puedes responder a una pregunta cuando quieras hacerlo.
Y puedes reconocer que no necesitas convencer a todo el mundo para que tu experiencia sea válida.
La comunicación puede seguir existiendo sin convertirse constantemente en una prueba.
Volver a confiar en tu propia experiencia
Cuando durante mucho tiempo has tenido que demostrar lo que te ocurre, recuperar la confianza en tu propia experiencia puede ser un proceso.
No consiste en dejar de escuchar las opiniones de los demás.
Consiste en aprender a distinguir entre lo que otras personas interpretan y lo que tú estás experimentando.
Puedes escuchar una opinión y valorar si te resulta útil.
Puedes aceptar una explicación diferente cuando tiene sentido.
Puedes revisar aquello que pensabas.
Pero no necesitas poner automáticamente en duda todo lo que sientes cada vez que alguien no lo comprende.
Tu experiencia merece ser observada con curiosidad, no interrogada constantemente como si tuvieras que demostrar su legitimidad.
Y esto también implica abandonar poco a poco la idea de que tienes que hacerlo todo igual que antes para demostrar que sigues siendo capaz.
Tu realidad actual puede ser diferente.
Reconocerla no significa rendirte.
Significa dejar de luchar contra el hecho de que existe.
No necesitas demostrar tu dolor para que sea real
Quizá la pregunta más importante no sea solamente:
«¿Cuántas veces has sentido que tenías que demostrar que lo que te pasa es real?»
Quizá también sea:
«¿A quién llevas demasiado tiempo intentando demostrarlo?»
Puede que hayas intentado demostrarlo a otras personas.
Puede que hayas intentado demostrarlo en consultas.
Puede que hayas intentado demostrarlo en tu entorno.
Y quizá, en algún momento, hayas empezado a intentar demostrártelo también a ti.
Si esto te resulta familiar, no significa que hayas hecho nada mal.
Significa que has pasado mucho tiempo intentando encontrar comprensión para una realidad que no siempre resulta visible desde fuera.
Pero tu necesidad de cuidarte no depende de conseguir que todo el mundo comprenda lo que te ocurre.
No necesitas demostrar tu dolor para que sea real.
Y tampoco necesitas convencer a nadie para tener derecho a descansar, poner límites, pedir ayuda o reconocer que hoy no puedes.
Comprender esto no hará desaparecer la enfermedad.
Pero puede ayudarte a dejar de añadir una carga más:
la de sentir que tienes que defender constantemente tu propia experiencia.


